jueves, 26 de noviembre de 2015

El Sol Sale pars Abril


EL SOL SALE PARA ABRIL




Cuando tenía nueve años  parecía de once.
   Mientras todos los niños jugaban a las escondidas ella estaba solita jugando con muñecas en un rincón .Algunas veces se acercó a compañeros  que corrían en el patio pero ellos preferían niñas más “ágiles” en su equipo. Triste se alejaba llorando.
   En la casa la madre le decía que no les hiciera caso porque ella era muy especial, poderosa y que tenía el futuro en sus manos. Abril al escuchar eso se alegraba pero a la mañana siguiente todo volvería a ser igual.
  Así creció y  al cumplir trece años su mamá le regaló un libro y decidió llevarlo para leerlo en el colegio.
  Cuando quiso apoyar su carpeta en el pupitre se dio cuenta que estaba lleno de pegamento y al lado una nota que decía: “Feliz cumpleaños… ¡pero no pienses que somos tus amigos! JA”.
  Esta nota la inmovilizó y muy triste quedó. Así que decidió decirle a la profesora que no se sentía bien y que quería llamar a sus padres para que la retiraran del lugar.
  -Hija, ¿qué te duele?- preguntó su padre.
  Abril no pudo mentirles, demasiado ya tenía con la burla de esa mañana y terminó por contar todo.
  -Pero hija,  ¿no podías contarle a la profesora?- Le reclamó su madre.
  -No, porque todos se iban a enojar conmigo y me tratarían de chismosa-le contestó.
  -Bueno hija, pero mañana a primera hora iremos a hablar con ella-dijo su padre terminante.
  -No, papá, por favor no!!! Dijo llorando ¡se vengarán! 
  Para olvidar el mal rato la niña fue por el libro estaba muy bueno. Trataba sobre una historia similar a la suya y esto la hizo reflexionar. Al terminar de leerlo pensó: “Soy capaz de un montón de cosas. Pude terminar de leer un libro! Y me gustó.  Esta es la frase que ayudó a que el día siguiente Abril se sienta segura sobre sí misma.
  Esa mañana Abril se levantó distinta, alegre… eso muy pocas veces le pasaba. Eligió su ropa con esmero... Voló escaleras abajo para  ir a desayunar, su mamá le había preparado un rico café con leche y unas tostadas con mermelada y corrió hacia la escuela.
  Al llegar un chico se le acercó y le dijo:
  -¿Y ese look? ¿Te quieres sentir hermosa? Pues déjame decirte que no lo eres.
  -No me quiero sentir hermosa, soy hermosa. Y sí, soy llenita, ¿Pero tú te crees que yo no hago ningún esfuerzo en adelgazar? Y hasta te puedo asegurar de que como más sano que tú. ¡Descarado!-le contestó Abril- Esto bastó para que el chico la terminara, o por lo menos se callara.
   Al llegar a su casa estuvo pensando que tendría que hacer más por sí misma y lo comentó a sus papás. Ellos la orientaron para ir a un equipo de profesionales que los iban a ayudar a adecuar su alimentación para que fuera más saludable .A ella se le ocurrió inscribirse en un Taller literario. Corrió a su cuarto, tenía que hacer  tarea y luego vestirse para salir.
El año de Abril transcurrió entre libros y bicicletas, nutricionistas y nuevos amigos que conoció en los talleres de Nutrición y en   los Literarios.  El resultado fue exitoso en un año Abril había logrado cambiar de a poco, no solo en su cuerpo que seguía creciendo sin padecer restricciones volviéndose más cómodo, sino también en la confianza en sí misma .Con ayuda de sus papás, y amigos nuevos que fueron apareciendo todo iría transformándose. Sus compañeras que se habían reído de ella por ser gorda ya eran historia porque a decir verdad, Abril estaba mucho mejor en seguridad y en actitud (también eso se reflejaba en su imagen). Feliz, terminó el secundario. Optó estudiar Nutrición.
   Al terminar la universidad, Abril quiso hacer algo por su ciudad dando cursos  con niños con sobrepeso y sus padres. Y en las escuelas también porque quería prevenir este problema.

  El mensaje que dejaba era éste: “No dejes que nadie te diga lo que eres, vales mucho, nunca pierdas la esperanza, que tus sueños algún día se cumplirán y así contribuirás con un mundo mejor .Ni la violencia ni el aislamiento hay caminos  cuando se cree en uno mismo”.

Luci Trinidad Lencinas

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