EL SOL SALE PARA ABRIL
Cuando tenía nueve años parecía de once.
Mientras todos
los niños jugaban a las escondidas ella estaba solita jugando con muñecas en un
rincón .Algunas veces se acercó a compañeros
que corrían en el patio pero ellos preferían niñas más “ágiles” en su
equipo. Triste se alejaba llorando.
En la casa la
madre le decía que no les hiciera caso porque ella era muy especial, poderosa y
que tenía el futuro en sus manos. Abril al escuchar eso se alegraba pero a la
mañana siguiente todo volvería a ser igual.
Así creció y al cumplir trece años su mamá le regaló un
libro y decidió llevarlo para leerlo en el colegio.
Cuando quiso
apoyar su carpeta en el pupitre se dio cuenta que estaba lleno de pegamento y
al lado una nota que decía: “Feliz cumpleaños… ¡pero no pienses que somos tus
amigos! JA”.
Esta nota la
inmovilizó y muy triste quedó. Así que decidió decirle a la profesora que no se
sentía bien y que quería llamar a sus padres para que la retiraran del lugar.
-Hija, ¿qué te
duele?- preguntó su padre.
Abril no pudo
mentirles, demasiado ya tenía con la burla de esa mañana y terminó por contar
todo.
-Pero hija, ¿no podías contarle a la profesora?- Le
reclamó su madre.
-No, porque todos
se iban a enojar conmigo y me tratarían de chismosa-le contestó.
-Bueno hija, pero
mañana a primera hora iremos a hablar con ella-dijo su padre terminante.
-No, papá, por
favor no!!! Dijo llorando ¡se vengarán!
Para olvidar el
mal rato la niña fue por el libro estaba muy bueno. Trataba sobre una historia
similar a la suya y esto la hizo reflexionar. Al terminar de leerlo pensó: “Soy
capaz de un montón de cosas. Pude terminar de leer un libro! Y me gustó. Esta es la frase que ayudó a que el día siguiente
Abril se sienta segura sobre sí misma.
Esa mañana Abril
se levantó distinta, alegre… eso muy pocas veces le pasaba. Eligió su ropa con
esmero... Voló escaleras abajo para ir a
desayunar, su mamá le había preparado un rico café con leche y unas tostadas
con mermelada y corrió hacia la escuela.
Al llegar un
chico se le acercó y le dijo:
-¿Y ese look? ¿Te
quieres sentir hermosa? Pues déjame decirte que no lo eres.
-No me quiero
sentir hermosa, soy hermosa. Y sí, soy llenita, ¿Pero tú te crees que yo no
hago ningún esfuerzo en adelgazar? Y hasta te puedo asegurar de que como más
sano que tú. ¡Descarado!-le contestó Abril- Esto bastó para que el chico la
terminara, o por lo menos se callara.
Al llegar a su
casa estuvo pensando que tendría que hacer más por sí misma y lo comentó a sus
papás. Ellos la orientaron para ir a un equipo de profesionales que los iban a
ayudar a adecuar su alimentación para que fuera más saludable .A ella se le
ocurrió inscribirse en un Taller literario. Corrió a su cuarto, tenía que hacer
tarea y luego vestirse para salir.
El año de Abril transcurrió entre libros y bicicletas,
nutricionistas y nuevos amigos que conoció en los talleres de Nutrición y en los Literarios. El resultado fue exitoso en un año Abril
había logrado cambiar de a poco, no solo en su cuerpo que seguía creciendo sin
padecer restricciones volviéndose más cómodo, sino también en la confianza en
sí misma .Con ayuda de sus papás, y amigos nuevos que fueron apareciendo todo
iría transformándose. Sus compañeras que se habían reído de ella por ser gorda
ya eran historia porque a decir verdad, Abril estaba mucho mejor en seguridad y
en actitud (también eso se reflejaba en su imagen). Feliz, terminó el
secundario. Optó estudiar Nutrición.
Al terminar la
universidad, Abril quiso hacer algo por su ciudad dando cursos con niños con sobrepeso y sus padres. Y en
las escuelas también porque quería prevenir este problema.
El mensaje que
dejaba era éste: “No dejes que nadie te diga lo que eres, vales mucho, nunca
pierdas la esperanza, que tus sueños algún día se cumplirán y así contribuirás
con un mundo mejor .Ni la violencia ni el aislamiento hay caminos cuando se cree en uno mismo”.
Luci Trinidad Lencinas